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Apuntes Teóricos para un Diagnóstico y Algunas Propuestas
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ENSAYO
I. PARA ABRIR EL DEBATE
La génesis de la comunicación como disciplina está marcada por la asociación de este campo del saber al estudio de los medios de difusión masiva. En este sentido puede decirse que la mayor parte de la producción académica realizada desde la comunicología se ubica en una dimensión mediológica, dejando a un lado otros aspectos relevantes de la comunicación. Esta primera afirmación se sitúa en el debate teórico acerca del espacio conceptual que conforma a la comunicología. Jesús Galindo (2003) propone clasificar este espacio en cuatro dimensiones: la expresión, la difusión, la interacción y la estructuración.
Mientras que la difusión tiene en su centro a los medios de difusión masiva, la dimensión de la interacción se refiere a la comunicación interpersonal, a la construcción de vínculos intersubjetivos; dimensión que se ha nutrido, teóricamente, de las aportaciones de la psicología social, la sociología fenomenológica y la cibernética. En la expresión cabrían todas aquellas reflexiones y estudios que se enfocan al ámbito de la forma, a las características expresivas de los textos y discursos comunicativos. Por último, la estructuración se presenta como el paraguas conceptual que integra a las tres dimensiones anteriores, en el sentido que en ella caben aquellos trabajos que de una u otra forma se centran en la dimensión macro de la comunicación, esto es, en temas como las políticas de comunicación, el campo académico, la legislación y las reflexiones sobre la información y la comunicación en un sentido amplio.
Siendo la interacción una de las dimensiones más importantes de la comunicación, y entendida ésta como base de la existencia de lo social, pudiera parecer paradójica la casi nula presencia de investigaciones y trabajos que, desde el campo académico, pongan el acento en ella. Las discusiones en torno al estatuto del campo de la comunicología deben pasar, necesariamente, por las reflexiones en torno a estas cuatro dimensiones. Y una buena forma de comenzar la reflexión es a partir de la sistematización de la producción académica sobre los temas. Los libros se erigen entonces, como objetivadores de la presencia dentro del campo de determinados temas, y por ende, de las lagunas que pueda haber sobre otros tantos objetos de estudio.
En un primer momento proponemos una reflexión en torno a los principios constructivos básicos de la interacción como dimensión comunicológica. Situamos el debate a partir de las aportaciones de escuelas, corrientes y autores que han tenido como centro a la Interacción en sus múltiples caras. Sólo a partir de esta conceptualización teórica se podrán plantear, posteriormente, las causas de la poca presencia de esta dimensión en el debate intelectual generado desde el campo académico de la comunicación.
Tanto la reflexión teórica como el planteamiento de posibles causas o hipótesis se enmarcan en la exposición de un breve diagnóstico sobre la presencia de la interacción en el proyecto “Hacia una comunicología posible”. La última parte del texto apunta algunas líneas de acción posibles, algunas propuestas concretas que podrían ayudar a un mejor y mayor desarrollo de la dimensión interactiva para la producción científica sobre comunicación.
II. EXPLORACIÓN TEÓRICA DEL CONCEPTO DE INTERACCIÓN
Las primeras definiciones de comunicación apuntan a su vertiente interpersonal, relacional; sin embargo, en la actualidad parece que estas aproximaciones quedaron atrás y casi no son tomadas en cuenta para la reflexión comunicológica. El predominio de los medios de difusión como centro de la reflexión oscurece las aportaciones relacionadas con todo lo que concierne al diálogo, al vínculo entre los seres humanos, a su capacidad de comunicarse consigo mismos, con los otros y con el entorno físico y simbólico en el que se desenvuelven. Por todo ello, nos parece pertinente iniciar este primer momento con una reflexión extensa acerca de las relaciones teórico-conceptuales entre la interacción y la comunicación, como términos interdependientes.
La comunicación puede concebirse como la interacción mediante la que gran parte de los seres vivos acoplan sus conductas frente al entorno, se adaptan a él. También ha sido conceptuada como el propio sistema de transmisión de mensajes o informaciones, ya sea entre personas físicas o sociales, o entre una de éstas últimas y una población; a través de medios personalizados o de masas, mediante un código de signos también convenido o fijado de forma arbitraria. Desde otro enfoque, el concepto de comunicación también comprende al sector económico que aglutina las industrias de la información, de la publicidad, y de servicios de comunicación no publicitaria para empresas e instituciones. Estas tres acepciones ponen en evidencia que nos encontramos ante un término polisémico. Si bien la polisemia es rica por ampliar el espacio conceptual del campo de conocimiento de la comunicación, puede también ser un riesgo: generar confusión ,no sólo en torno al concepto mismo de comunicación, sino también en torno a la disciplina o disciplinas que deben hacerse cargo de su estudio.
Situando su centro en la dimensión de interacción, debiéramos concebir a la comunicación como proceso básico para la construcción de la vida en sociedad, como mecanismo activador del diálogo y la convivencia entre sujetos sociales. Hablar de comunicación, así entonces, supone acercarse al mundo de las relaciones humanas, de los vínculos establecidos y por establecer, de los diálogos hechos conflicto y de los monólogos que algún día devendrán diálogo. La comunicación es la base de toda interacción social y, como tal, es el principio básico -la esencia- de la sociedad. Sin comunicación, diría Niklas Luhmann (1993), no puede hablarse de sistema social: “Todo lo que es comunicación, es sociedad (...) La comunicación se instaura como un sistema emergente, en el proceso de civilización. Los seres humanos se hacen dependientes de este sistema emergente de orden superior, con cuyas condiciones pueden elegir los contactos con otros seres humanos. Este sistema de orden superior es el sistema de comunicación llamado sociedad” (Luhmann, 1993: 15). Tomando estas ideas en consideración, podemos decir que partimos de una perspectiva que está a caballo entre los modelos psicosociales y sistémicos de la comunicación.
Nuestra aproximación, de corte interaccionista, se puede sintetizar afirmando que la sociedad y la cultura deben su existencia a la comunicación. Es en la interacción comunicativa entre las personas donde, preferentemente, se manifiesta la cultura como principio organizador de la experiencia humana. Así pues, la vida social puede ser comprendida como una “organización de las relaciones comunicativas establecidas en el seno de los colectivos humanos y entre éstos y su entorno” (Moreno, 1988: 14).
II.1. De la Interacción Social a la Interacción ComunicativaEn términos muy generales, la interacción puede ser entendida como la acción recíproca entre dos o más agentes. Sin embargo, situándonos en un marco de reflexión un tanto más complejo, interesa remarcar que, al margen de quién o qué inicie el proceso de interacción, el resultado de una interacción es siempre la modificación de los estados de los participantes.
Desde el nacimiento de las ciencias sociales y humanas, la interacción social se erigió como uno de sus conceptos básicos. Además, este término ha permitido un avance muy destacado en campos del conocimiento como la psicología social y la sociología fenomenológica, entre otros. Desde este punto de vista, por tanto, el concepto de interacción hace referencia a la emergencia de una nueva perspectiva epistemológica, ya que los procesos de comunicación entre seres humanos ocupan un lugar central para la comprensión de los fenómenos sociales. Todo esto se relaciona con la comprensión de la persona como un ser social, un ser que sólo puede desarrollarse como tal a través de la comunicación con sus semejantes.
Los conceptos de acción e interacción se hallan inevitablemente ligados al de comunicación. No se pueden comprender unos sin otros. Desde la perspectiva positiva de Émile Durkheim (1973), la acción social puede ser entendida como el conjunto de maneras de obrar, pensar y sentir, externas al individuo y dotadas de un poder coercitivo, en cuya virtud se imponen a él. Desde la perspectiva subjetivista de Max Weber (1977), en cambio, el concepto de acción está más ligado a los significados subjetivos que los sujetos vinculan o imprimen en sus acciones y en las de los otros. Desde una posición intermedia se podría afirmar que la acción social comprende, de forma conjunta, a las prácticas de los individuos, por un lado, y a la subjetividad vertida en ellas, por el otro.
Los seres humanos establecen relaciones con los demás por medio de interacciones que pueden calificarse como procesos sociales. Según la tesis interaccionista, la construcción cognoscitiva del sujeto se produce por la interacción con el medio ambiente, a través de una relación de interdependencia o de bidireccionalidad entre el sujeto cognoscente y el objeto cognoscible. Así, la comunicación es fundamental en toda relación social, es el mecanismo que regula y que, al fin y al cabo, hace posible la interacción entre las personas.
Por ello, si toda interacción social se fundamenta en la comunicación, es pertinente hablar de interacción comunicativa. Ésta debe comprenderse como un proceso de organización discursiva entre sujetos que, mediante el lenguaje, actúan en un proceso de constante afectación recíproca. La interacción comunicativa es, así entonces, la trama discursiva que permite la socialización del sujeto por medio de sus actos dinámicos, su adaptación al entorno, la comprensión de las acciones propias y ajenas.
La preocupación por la interacción no es nueva en la agenda de las ciencias sociales. Ya desde los años sesenta, la Escuela de Palo Alto dio cuenta de las situaciones globales de interacción en las que participa el ser humano. Los investigadores de Palo Alto, procedentes de disciplinas como la antropología, la matemática y la psiquiatría, entre otras, partieron de tres consideraciones básicas: La primera se refiere a que la esencia de la comunicación reside en procesos de relación e interacción; la segunda apunta a que todo comportamiento humano tiene un valor comunicativo, de ahí que sea imposible no comunicar; y la tercera, y última, ubicada en el terreno de los estudios psicológicos, afirma que los trastornos psíquicos reflejan perturbaciones de la comunicación. La principal aportación de esta escuela es que “el concepto de comunicación incluye todos los procesos a través de los cuales la gente se influye mutuamente” (Bateson y Ruesch, 1984). La comunicación fue estudiada, así pues, como un proceso permanente y holístico, incomprensible sin su contexto. Tiene ya años, por tanto, la ruptura de la visión unidireccional de la comunicación, y no son pocas las aportaciones que, desde disciplinas afines a la comunicología, han abierto las posibilidades para comprender el fenómeno de la comunicación desde una óptica circular, desde una visión que aleja su atención a la comunicación mediada técnicamente a través de los medios de difusión masiva.
Para abordar de forma teórica el concepto de interacción, y su vinculación con la comunicación, es también necesario hacer referencia a las aportaciones de las Escuelas del Interaccionismo Simbólico. Sus postulados fundamentales convergen en el énfasis dado a la naturaleza simbólica de la vida social. Los trabajos y reflexiones realizados desde esta corriente parten de tres consideraciones básicas: en primer lugar, los humanos actúan respecto de las cosas con base en las significaciones que éstas tienen para ellos; en segundo lugar, la significación de estas cosas deriva, o surge, de la interacción social que un individuo tiene con los demás actores; y, por último, estas significaciones se utilizan como un proceso de interpretación por parte de la persona en su relación con las cosas que encuentra, modificándose a través de dicho proceso. El Interaccionismo Simbólico, así pues, se diferencia de otras corrientes de pensamiento sociológicas por la enorme importancia asignada a la capacidad del actor para interpretar el mundo social y para actuar en él.
Los conceptos de mayor importancia, a nuestro entender, dentro de la corriente del Interaccionismo Simbólico son el self, propuesto por G. H. Mead, y la acción dramatúrgica, procedente de la teoría microsociológica de E. Goffman. En términos generales, el self (“sí mismo”) se refiere a la capacidad de considerarse a uno mismo como objeto y presupone un proceso social: la comunicación entre los seres humanos. Por su parte, el enfoque dramático de la vida cotidiana permite comprender tanto el nivel macro (institucional) como el nivel micro (percepciones, impresiones y actuaciones de los individuos) y, por lo tanto, el de las interacciones generadoras de la vida social. Uno de los elementos más decisivos de la obra de Goffman (1979) fue la conceptualización del “ritual”. Su enfoque nos acerca a una forma de comprender el ritual que lo aleja de lo extraordinario y lo ubica como parte constitutiva de la vida diaria del ser humano. Según el autor, las personas actúan tras una “máscara expresiva”, una “cara social” (Goffman, 1979) que le ha sido prestada y atribuida por la sociedad, y que le será retirada si no se comporta del modo esperado. En este sentido, los individuos actúan en la escena cambiante de la vida cotidiana tratando de presentar en todo momento una imagen convincente y positiva de sí mismos según la naturaleza de la escena presentada y las expectativas de los interlocutores.
Desde la psicología social, la interacción se ha abordado sobre todo con base a reflexiones sobre la comunicación interpersonal. Este tipo de comunicación siempre es de doble dirección; su principal configuración es el “cara a cara”, la proximidad entre emisores y receptores, o entre sujetos participantes en el proceso de interacción. Pese a ser ésta la dimensión básica de la comunicación interpersonal, autores como Joan Costa (2000) añaden dos dimensiones más: Por una parte, estaría la comunicación interpersonal caracterizada por la distancia física entre los sujetos: “Es una intercomunicación lejana en la cual no hay cara a cara y el contacto personal requiere mediadores técnicos y sistemas interpuestos como el teléfono, el correo postal o electrónico” (Costa, 2000). En este sentido, el autor asimila este tipo de comunicación interpersonal a lo que en otros momentos se ha venido llamando únicamente comunicación mediada. Por otra parte, estaría lo que el autor denomina comunicación relacional, “que se extiende de modo continuado -aunque necesariamente intermitente- en el tiempo, y que por esto mismo es diferente de las comunicaciones corrientes o generales, que son más numerosas y puntuales, pero menos implicantes porque no establecen nexos duraderos entre personas” (Costa, 2000).
Todo lo dicho hasta el momento confirma que la interacción es la base de la comunicación, y que ésta, a su vez, es el principio fundamental para la existencia de lo social. Siguiendo a Jesús Galindo (2001), “la comunicación no sólo es una necesidad emergente, sino un estilo de vida, una cosmovisión, el corazón de la sociabilidad (...) La comunicación es efecto de un contexto ecológico de posibilidad, donde las diferencias se encuentran, pueden ponerse en contacto y establecer una estrategia para vincularse cooperando, coordinando, co-representando”.
III. BREVE DIAGNÓSTICO DE LA PRESENCIA DE LA INTERACCIÓN EN EL CAMPO ACADÉMICO DE LA COMUNICACIÓNEl proyecto “Hacia una comunicología posible” pretende dar coherencia al campo de conocimiento que conforman los estudios sobre comunicación. Tiene el afán de organizar un campo que, pese a ser de los de mayor presencia en México, padece aún de una débil definición conceptual, de una incierta delimitación de fronteras con respecto a otras disciplinas de las ciencias sociales y humanas. Si bien es irrefutable que, desde su fundación, la ciencia de la comunicación se ha nutrido de las aportaciones de otras disciplinas como la sociología, la psicología social y la lingüística, entre otras, este proyecto parte de la necesidad de dotar de consistencia dentro del campo a la comunicología, de fijar o delimitar lo que hace específica a la mirada comunicológica. La constatación de las fuentes históricas y la delimitación de los objetos de estudio propios de la comunicología son dos caminos fundamentales para lograr dicho objetivo. En este punto, sin embargo, se parte de la necesidad primera de revisar, sistematizar y describir la producción bibliográfica que se ha generado en el campo de la comunicología, específicamente en lo que concierne a la dimensión de la interacción.
La sistematización bibliográfica es, entonces, la principal tarea a resolver para comenzar a reconstruir y dar coherencia al campo académico de la comunicación. En este sentido, y luego de una primera revisión todavía en curso, se aprecia un diagnóstico desolador en lo que a la presencia de la interacción se refiere. La revisión de la sistematización bibliográfica sobre comunicología realizada hasta el momento permite apuntar algunos de los elementos que caracterizan a la dimensión interactiva dentro del espacio conceptual de la comunicología. En cuanto al género, por ejemplo, destaca una mayor presencia de los libros teóricos y ensayos, quedando en un segundo plano la presencia de estudios de caso. Por lo tanto, se puede decir que la interacción sigue siendo objeto de reflexión teórica, más que objeto de investigaciones empíricas resultantes de trabajo de campo. Dicho de otra forma, la interacción se erige como objeto de estudio teórico y no como objeto de observación en la práctica. Por otra parte es relevante destacar que la mayoría de obras ubicadas en la dimensión comunicológica de la interacción fueron escritas desde campos de conocimientos distintos a la comunicología, por lo que se advierte que la interacción es un objeto de estudio privilegiado para disciplinas como la Psicología Social y, en menor medida, para la comunicación. Para el campo académico de la comunicación, las obras clásicas sobre la interacción y temas afines son fundamentalmente tres: La presentación de la persona en la vida cotidiana, de Erving Goffman (1971), Espíritu, persona y sociedad, de George Herbert Mead (1968), y Teoría de la comunicación humana, de Paul Watzlawick (et.al.) (1971). Esta última afirmación confirma lo dicho en las líneas anteriores, ya que las tres obras clásicas tienen como fuente histórica a la disciplina de la Psicología Social y, concretamente se inscriben, en las corrientes del Interaccionismo Simbólico las dos primeras, y en la Escuela de Palo Alto la última. Todo ello nos lleva al terreno histórico de la construcción teórica sobre la dimensión comunicológica de la interacción. Por último, cabe destacar que la gran mayoría de las obras relevantes en cuanto a la dimensión de la interacción fueron escritas en la década de los setentas, por lo que se puede apreciar cómo esta dimensión ha quedado relegada en momentos actuales ante el advenimiento y consolidación de los estudios mass-mediáticos.
A modo de síntesis, la dimensión de la interacción tiene poca presencia en el campo de la comunicología; las aportaciones principales a esta dimensión constituyen obras de contenido teórico y sobresale la nula presencia de estudios de caso empíricos. La Psicología Social se erige como la fuente histórica básica de la comunicología que mayor espacio conceptual ha aportado a la construcción de la Interacción como dimensión comunicológica.
IV. ALGUNAS ESTRATEGIAS EN EL TERRENO DE LO PEDAGÓGICOLas cuatro dimensiones de la comunicología se encuentran en condiciones muy desiguales en cuanto a presencia dentro del campo. Ya se ha afirmado que es la difusión la dimensión que mayor debate y producción académica ha generado a lo largo de los aproximadamente 60 años de existencia del campo académico de la comunicación. Los medios son, por tanto, el núcleo temático básico del debate comunicológico, el objeto de estudio primordial y privilegiado de la disciplina. Pero no debieran ser los únicos. La psicología social y la sociología fenomenológica son las disciplinas que más han aportado a la comunicología, específicamente en su dimensión de interacción. La semio-lingüística es la fuente histórica fundamental en cuanto a la dimensión de expresión, mientras que la estructuración tiene como pilares básicos a los enfoques de la sociología cultural y la economía política. Este marco de análisis, que toma como punto de partida a las fuentes históricas de la comunicología como disciplina, deja entrever nuevamente la necesidad de recuperar dichas fuentes y de, yendo más allá, utilizarlas o aprovecharlas para dotar de estatuto disciplinario a las denominadas ciencias de la comunicación. En este punto, la Educación Superior juega un papel fundamental. Las licenciaturas en comunicación son cada vez más numerosas; miles de estudiantes egresan anualmente de centros de estudios sobre comunicación. Y, aun en este panorama, todavía no queda claro el perfil del egresado, algo que sin duda tiene que ver con la dificultad de delimitar disciplinariamente a la comunicología. La dicotomía básica tiene como ejes al comunicador y al comunicólogo: el primero como hacedor, como profesional de la comunicación en sentido práctico, como actor de los medios masivos y las instituciones que producen y difunden productos comunicativos; el segundo, como docente-investigador, como actor del campo académico dedicado a la producción y reproducción de saberes sobre comunicación. El debate está abierto, y la claridad es todavía muy escasa en los planes de estudio de comunicación del país.
¿Qué podemos hacer ante este panorama? ¿Cómo podemos pensar y repensar a la ciencia de la comunicación? ¿Cómo debemos formar a los profesionales de este campo del conocimiento? No nos parece aventurado afirmar que la construcción de la comunicología como ciencia es la única vía para dar respuesta a estas interrogantes. En la actualidad parece ser, al menos, el vehículo más consistente, puesto que genera debates a nivel teórico pero con efectos en la práctica. Dicho de otra forma, la construcción de una comunicología posible permite, por un lado, discutir y dar a conocer la génesis y los fundamentos conceptuales de la disciplina, y por el otro, puede –o así debiera ser- afectar a la construcción académica y profesional de un campo que parece todavía inmiscuido en un mar de dudas y lagunas conceptuales y metodológicas.
En las próximas líneas se establecen algunas rutas de acción posibles para contribuir al debate acerca de estos temas. Siendo la interacción la dimensión que nos ocupa, en este documento se hará hincapié, únicamente, en algunas estrategias que pueden ayudar a la recuperación de esta dimensión comunicológica como básica dentro de la producción de saberes y las prácticas que conforman el campo de la comunicación.
Todas las rutas que se indican, a modo de orientación o propuesta, parten de la necesidad de repensar los planes de estudio sobre comunicación, específicamente a nivel de licenciatura pero también en lo que concierne a estudios de postgrado.
IV.1. Propuestas a Nivel de LicenciaturaAlgo que llama la atención cuando se revisan los planes de estudio de comunicación es la falta de claridad con respecto al objeto mismo de la comunicación como disciplina. Esta falta de claridad se percibe, sobre todo, en la delimitación de los perfiles de egresados de las carreras de comunicación. No está claro si lo que se busca es formar a comunicadores, a profesionales de los medios de difusión masiva, o si, por el contrario, es la figura del comunicólogo la que se busca crear en las escuelas de comunicación. El debate parece no conducir a ninguna parte, por lo que consideramos urgente retomar, desde el espacio académico, la reflexión acerca de la delimitación dentro del campo de los estudios de comunicación.
Siendo la difusión la dimensión comunicológica que goza de mayor presencia en el campo académico de la comunicación, la interacción debe ser recuperada, hecha visible, en las materias que tienen cabida en los planes de estudio de comunicación. Así entonces, como primera ruta posible se destaca la necesidad de tomar en cuenta las aportaciones de la psicología social y la fenomenología en las materias de introducción a la comunicación. De esta forma se conseguiría abordar el concepto de interacción, como fundamento de la comunicación humana, para hacer hincapié en que los estudios de comunicación no sólo abordan a la comunicación mediada. Algunas líneas de trabajo más específicas podrían ser las siguientes:
Orientar al estudiante en lecturas sobre psicología social y sociología fenomenológica. Incluir las perspectivas del enfoque sistémico y de la cibernética en los ejes o áreas de teorías de la comunicación. Generar discusiones sobre comunicación que vayan más allá de los medios de difusión masiva. Ilustrar la dimensión de la interacción con base a ejemplos de investigaciones empíricas que hayan abordado el tema.
Todo ello puede contribuir a fomentar la investigación de cuestiones relativas a la comunicación interpersonal y no privilegiar únicamente los estudios sobre medios. En este sentido, teoría e investigación deben ir estrechamente relacionadas, de manera que los conceptos abordados desde una perspectiva más conceptual tengan efecto en las materias de metodología de investigación.
IV.2. Propuestas a nivel de PosgradoLos postgrados en comunicación necesitan de la consolidación en el campo de la comunicología para desarrollarse con consistencia tanto teórica como metodológica. En este tenor, y tomando en cuenta las propuestas señaladas en el apartado anterior, algunas de las premisas básicas a considerar pueden ser las siguientes:
- Huir de los enfoques puramente mediológicos o de difusión.
- Ampliar el espacio conceptual comunicológico haciendo énfasis en aspectos diferentes a los medios, esto es, a la interacción, la expresión y la estructuración.
- Promover la reflexión teórica y la producción de saber sobre todo lo que concierne a la comunicación interpersonal, a las relaciones intersubjetivas de los seres humanos en sus diferentes campos de acción.
- Estudiar de forma conjunta la interacción y las estrategias metodológicas que más claramente pueden acercarse a ella: etnografías, entrevistas a profundidad, historias de vida, etc.
Lo apuntado hasta el momento deja entrever claramente dos niveles de discusión fundamentales para la recuperación de la interacción como dimensión básica en los estudios de comunicología. El primero es el nivel teórico-conceptual, que se relaciona con las materias teóricas que se proponen en los planes de estudio. El segundo nivel se corresponde a las materias de corte más práctico, metodológico o técnico, donde se tendría que recuperar a la interacción como objeto de estudio más que como concepto sobre el cual reflexionar.
V. A MODO DE CIERRE
Sin ánimos de considerar vacío e innecesario el debate en torno a la dimensión de la difusión, en este artículo se ha pretendido explorar la presencia de la interacción en la comunicología. Habiéndose detectado una débil presencia, se han ofrecido algunas rutas posibles para recuperar esta dimensión en los planes de estudio de comunicación. El debate inicial, de corte más teórico, ha tenido la pretensión de ubicar conceptualmente a la interacción, comprendiéndola como fundamento de las relaciones sociales y, por tanto, como materia prima de los procesos de comunicación. El último apunte del artículo ha tenido como fin exponer algunas propuestas que pueden contribuir a que se tome más en cuenta a la dimensión de la comunicación, en este caso en los espacios privilegiados de construcción dentro del campo: las instituciones de educación superior que se dedican a la formación de profesionales de la comunicación.
Por todo ello, este artículo se considera un primer apunte de lo que debería generar la discusión en torno a la comunicología como ciencia con estatuto disciplinar delimitado. Tomando como punto de partida la división de la comunicología en cuatro dimensiones, sería conveniente trabajar a profundidad las tres dimensiones restantes, así como continuar el debate teórico en torno a las fuentes históricas que han contribuido a la emergencia de un campo de estudios como la comunicología, caracterizado por una génesis interdisciplinaria, por su presencia cada vez más fuerte en el campo de la educación superior en México y por, quizás paradójicamente, ser aún un ámbito de conocimiento sin consolidación conceptual y metodológica propia.
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NOTAS1.- Esta clasificación tiene su origen en las propuestas del Dr. Jesús Galindo Cáceres. Para mayor información, consultar los textos disponibles en el Portal de Comunicología, en la página HYPERLINK "http://www.geocities.com/comunicologiaposible" http://www.geocities.com/comunicologiaposible. 2.- Alex Mucchielli (1998) habla de cuatro paradigmas fundamentales para el estudio de la dimensión más psicológica de la comunicación. Uno de ellos es el paradigma de relación-sistémico, que estudia las relaciones entre individuos partiendo fundamentalmente de la primacía otorgada a la interacción. La importancia dada a la interacción constituye una de las principales aportaciones de los trabajos de la Escuela de Palo Alto. 3.- Para Durkheim (1973), por encima de las representaciones privadas de los sujetos existe un mundo de “nociones-tipo” que regula las ideas y que supera al propio individuo. Así entonces, el individuo interactúa con estos códigos para transformarlos y estructurarlos según su interpretación personal. 4.- Fue Herbert Blumer quien, en 1938, otorgó el nombre de Interaccionismo Simbólico a esta corriente. Las escuelas que la integran se marcaron como finalidad el estudio de los procesos de interacción social en el entendido que éstos tienen por sustancia el intercambio comunicacional. En lo fundamental, el Interaccionismo Simbólico postula que las definiciones de las relaciones sociales son establecidas de forma interactiva por sus participantes. 5.- La acción dramatúrgica es la interacción entre un agente social que hace presentación de sí mismo, y un grupo social que se constituye como público. El actor suscita en su público una determinada imagen o impresión de sí, revelando su subjetividad de forma más o menos calculada con miras a esa imagen que quiere dar. 6.- En este segundo punto se remarca la diferencia entre las situaciones cotidianas de comunicación interpersonal, que no se caracterizan necesariamente por el valor de proximidad entre las personas, y la comunicación interpersonal que, sin ser diaria y cotidiana, se fundamenta en el fuerte vínculo establecido entre los participantes. 7.- A corte de ejemplo, y partiendo de la propia práctica docente de la autora, exponemos un caso concreto, el de la Licenciatura en Comunicación y Cultura de la Universidad de la Ciudad de México. El plan de estudios de esta licenciatura está conformado por varios ejes. El eje teórico sobre Comunicación consta de una materia específicamente dedicada a los Enfoques Sistémicos. Por su parte, el eje de Metodología, un semestre más tarde, contempla una asignatura dedicada a los Métodos para el análisis de procesos de comunicación interpersonal. En este sentido, teoría y práctica se hallan complementadas, y ofrecen al estudiante la posibilidad de conocer los fundamentos teóricos de la comunicación, en su vertiente interpersonal, así como las metodologías y técnicas de investigación más propicias para su estudio.
¿CÓMO CITAR ESTE TEXTO?RIZO GARCÍA, Marta (2004).La Dimensión de la Interacción en la Comunicología. Apuntes Teóricos para un diagnóstico y algunas propuestas. Texto publicado en la Revista Comunicologí@: indicios y conjeturas, Publicación Electrónica del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, Primera Época, Número 2, Otoño 2004, disponible en: http://revistacomunicologia.org/index.php?option=com_content&task=view&id=64&Itemid=97 |