|
Cincuenta Años Pariendo un Interlocutor Autónomo
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla
ENTREVISTAEsta entrevista fue concedida en la última visita de Mario Kaplún a México Hace cincuenta años inició una aventura, una apuesta que aún no termina. Con voz desolada, ante un grupo de investigadores de la comunicación, a miles de kilómetros de su hogar, este anciano se quejó de que su nieto de siete años se hipnotice frente al televisor. Cincuenta años recorriendo los caminos desandados por “Los chasquis”, buscando al “otro”, preguntando, soñando, creando, pariendo un interlocutor autónomo. Él sabe también de los exilios y de las relegaciones, de las censuras y las expulsiones. Considera que complementa a Freire y afirma ir más allá de Martín Barbero y de las nuevas tendencias de la comunicación. Su espalda se encorva con el peso de la esperanza. Como un arquitecto de ilusiones crea puentes sólidos entre el aprender y el comunicar. Ahora, después de cincuenta años de trajinar, otra vez llega con una nueva propuesta, la corriente neocrítica. Ser su interlocutora no fue fácil, la paciencia se le agota y este partero de interlocuciones quiere desaparecer el diálogo. El confrontado, trata de imponerse. Así es Mario Kaplún, ¡Que le vamos a hacer! Los invitamos a un recorrido por medio siglo de la comunicación en América Latina y de toda una vida de búsqueda.
Martha Helena Montoya: Nosotros supimos de su existencia por medio de los forocassettes. Mario Kaplún: Los cassettes foro.Usted inicia su trabajo con los medios masivos, remontémonos hacia atrás y cuénteme cómo fue ese quehacer
El año pasado (1992) se celebraron mis cincuenta años de matrimonio con la comunicación, figúrate cuán lejos me tengo que remontar si me pides que mire hacia atrás.
Comencé haciendo programas de radio educativa y me complace decir que en ese momento tuve la oportunidad de participar en un programa bastante innovador para su tiempo, donde ya se había asumido que radio educativa no quería decir radio aburrida. La necesidad de hacer educación con el lenguaje de los medios masivos y sin caer en la monotonía, era una gran experiencia que me fue marcando.
No sé si te importa saber que pasé por muchas formas de la comunicación masiva. Hice radio, televisión y en una época incluso, por estrictas razones de subsistencia, tuve que pasar también por la publicidad (cosa de la que no me arrepiento porque aprendí mucho) con la cual rompí por razones éticas. Mi cuestionamiento crítico a ésta, no viene de lecturas ni de especulaciones sino de haber estado ahí adentro.
En ese proceso, cada vez más, percibía a la comunicación en su verdadero sentido, en la dimensión de la comunicación del uno al otro. Me interesaba conocerlo, escucharlo y hablarle.
La culminación de esa etapa fue por el año 1968. La televisión de mi país me expulsó por razones políticas. Era la época de la predictadura en Uruguay, ya había censura. No pude seguir haciendo mi trabajo con la libertad necesaria. En esos momentos se me presentó la posibilidad de producir programas de radio por toda América Latina.
Fue cuando hice la serie que me trajo más satisfacción, que dejó más huellas, “Jurado trece”. Con ésta se me abrió otro campo porque al mismo tiempo que era una producción radial y que se emitía por muchas emisoras en América Latina, lanzamos la idea de que también había que hacerla llegar a grupos de discusión, a organizaciones sociales e hicimos copias para los grupos. Ahí nació la segunda línea de trabajo, la comunicación grupal.
A partir de programas como los de “Jurado trece” que estaban pensados para generar discusión, donde el oyente era un invitado a ser el decimotercero jurado, los grupos discutían, elaboraban propuestas, llegaban a sus propias conclusiones. Hacían sus propios proyectos. Sin embargo a mí me quedaba una frustración y era que estas discusiones yo no las conocía, y por eso no las podía incorporar al proceso comunicativo que estábamos desarrollando.
¿Eso se debía a que los programas se les suministraban de una manera espontánea, sin el apoyo de una red organizativa, a los grupos que lo solicitaban?
Los programas se ofrecían abiertamente a todos los grupos que mostraban interés y cada uno los usaba libremente. Ninguna cosa orgánica sino al contrario, insertaban las temáticas en las problemáticas de sus propias organizaciones. Desde el punto de la comunicación había una riqueza que se perdía. Lo que ellos elaboraban ya no podía ser recuperado, incorporado al proceso educativo porque los programas de radio ya estaban hechos previamente.
Sin embargo ahí se empezó a ver todo lo que los grupos podían generar, crear o para usar expresiones más actuales, todo lo que ellos podían resignificar y aplicar a su propia vida. Quisiera aquí hacer un paréntesis, da la impresión que mientras hice comunicación masiva, me mantuve en el esquema de emisor- receptor, eso tampoco fue así. “Jurado trece” se hizo como se hizo, tuvo la acogida que tuvo, porque los problemas que reflejaba y la forma como lo hacía, habían sido tomados de la realidad popular. No inventamos “Jurado trece”. Creamos la forma, la mediación dramática de los temas pero la realidad de éstos había sido conocida por nosotros en una intensa inmersión en el mundo popular latinoamericano. Habíamos hecho una gira (que abarcó siete países de América Latina), solamente escuchando a la gente y recogiendo las ideas con las cuales después se produjo la serie.
Me importa hacer ver que lo masivo no se debe aplicar de una manera esquemática y que cuando se asume la comunicación como un proceso, se puede también producir mensajes de un emisor a un receptor pero un emisor que previamente se ha alimentado de la realidad que luego va a reflejar. De manera que el interés por el receptor ya estaba presente, incluso en esa producción masiva.
¿Ese tipo de recolección de la información que ustedes hicieron se realizó con base en unas temáticas determinadas?
Sí, como ya lo expresé, se había hecho una amplia consulta en América Latina a educadores, comunicadores y sociólogos sobre los problemas más relevantes y se elaboró una selección de veinte temas los cuales tenían consenso en toda la región. El punto de partida, mucho más rico, fue esa otra investigación en la realidad misma, sumergiéndonos en ella.
¿Qué tipo de personas conformaban el equipo de investigadores?
Era un pequeño grupo de comunicadores. Había algunos apoyos, lógicamente de especialistas de otras disciplinas pero “Jurado trece” no pretendía ser un trabajo científico, era un trabajo generador de procesos de conocimientos populares, acerca de una temática específica.
Esa etapa fue muy rica porque sentimos que los oyentes, tanto en los grupos como en la radio, se reconocían en los mensajes. Nos sucedieron casos muy interesantes, por ejemplo, hubo un programa sobre el cual en varios países decían “esa historia que cuentan ahí, pasó aquí, ustedes la tomaron de nosotros”.
Pero como lo dije antes, a pesar de toda esa riqueza, sentía que el ciclo comunicativo no se había completado y eso fue lo que empecé a plantearme para entender el papel de la participación en la comunicación. Ese es el origen del cassetteforo que tú me mencionabas. Un medio en el cual la comunicación es de ida y vuelta y en el que los grupos no solamente escuchan un mensaje sino que pueden construir los suyos, devolver el cassette y nuevamente decir, escuchar, hablar entre ellos.
Hay que considerar como un hallazgo muy temprano, el que ustedes hayan decidido ir a consultar, a investigar a partir de la cultura popular, porque en esos momentos en América Latina, los investigadores de la comunicación, formados con un espíritu crítico, trabajaban sobre los efectos nocivos producidos por los medios masivos de comunicación.
No sé que decirte a esto, es una afirmación tuya, no es una pregunta.
Ahí va la pregunta: teniendo en cuenta que la investigación de la comunicación se estaba haciendo sobre los efectos de los medios ¿De dónde surge, en ustedes, esa preocupación por la cultura popular?
Te diría que surge de estar realmente consustanciados con los destinatarios. El sentir que la comunicación tenía que estar a su servicio ya estaba presente en las producciones aunque todavía tenían el esquema masivo de entrega, pero como te digo, ya implicaban un compromiso con los receptores.
Se fue haciendo, cada vez más fuerte, la sensación en algunos de nosotros que eso no agotaba las posibilidades de los medios de comunicación y era muy importante estimular procesos por los cuales, los que hasta ese momento habían sido considerados receptores, tuvieran también la posibilidad de ser tenidos en cuenta como emisores.
Ese fue el eje de todo nuestro trabajo de investigación. La propuesta de Jean Cloutieu, canadiense, que hablaba del emisor-receptor y del receptor-emisor o sea de las dos facultades del ser humano. Al principio parecía para nosotros como un desafío teórico pero cada vez más, vimos que era posible plasmarla en una práctica. De ahí surgen las formas de comunicación participativa.
¿Mario, al echar a andar el cassetteforo, cómo era acogida la propuesta en otros lugares fuera del Uruguay?
Nos llegaban algunas noticias de experiencias que se estaban haciendo en otros países, no todas, porque mucha gente (no tengo ninguna objeción a eso) adoptó la idea, el método, sin necesidad de avisar al que podía figurar como el diseñador y a veces sin saber siquiera quien era el creador de la propuesta. Es una idea como tantas que se convierte en un instrumento social y echa a andar sola.
¿Surge una comunicación mucho más participativa, después de haber empezado a trabajar con los grupos?
No te digo que sea como efecto del trabajo grupal pero ciertamente se fue creando (y yo me convertí en un militante de ella) la corriente de la comunicación popular cuyo eje central es precisamente el emisor popular. Claramente los grupos populares se apropian de los medios y de la expresión, proceso complejo que no se puede poner en blanco y negro porque está lleno de ambigüedades y de contradicciones internas.
No hay que idealizarlo. Sustenta la posibilidad de que todo grupo, toda persona posee facultades emisoras y se le debe permitir y estimular para que las ejercite.
Mientras ustedes trabajaban con los sectores populares, muchos contemporáneos suyos estaban todavía criticando la alienación producida por los medios de comunicación, ¿cómo ve esto?
No sé cómo verlo, no sé como contestarte. Desde otro punto de vista yo era muy crítico de los medios y posiblemente también llegué a pensarlos alienantes, de modo que considero que esas dos cosas no creaban una incompatibilidad, más bien aparecían como consecuencia una de la otra y así sigue todavía (creo que eso sí hay que rescatarlo de esa época, al menos en mi caso). Pienso que en la medida en que los receptores se apropian de la capacidad de generar mensajes, aún si hubiera una alienación, esa operación de apropiación los desalienaría.
Hay una afirmación en la cual usted plantea que el estudio de la recepción fue soslayado por la investigación crítica en América Latina.
Claro, mirá, lo que quizá, mirándome a la distancia, me diferenciaba de la mayoría de los estudiosos de la recepción de esa época (pertenecía a esa corriente crítica y no reniego de haberlo hecho) eran mis objeciones a la poca importancia que le concedían al receptor. Al mismo tiempo que me adhería a ella en cuanto representaba un enfrentamiento al poder hegemónico de los medios masivos, veía su insuficiencia para asumir tanto la participación como la realidad del receptor. En eso creo modestamente que mi práctica me diferenciaba porque es muy distinto criticar a los medios desde una postura teórica.
Ya en la época de “Jurado trece” partíamos de que había que incorporar lo que Gramsci llama el “sentido común”. Cuando después conocí más de cerca la visión de este pensador italiano, me sentí bastante reconfortado porque me di cuenta de que había sido la intuición pedagógica la que yo había aplicado en la elaboración del programa de radio. Incorporar fuertemente “el sentido común”, con sus contradicciones, con sus visiones ingenuas, sus prejuicios pero de tal manera que el receptor pudiera reconocerse, porque como dice Gramsci “solamente a partir del reconocimiento del sentido común es posible superarlo”.
También hay que decir como dice Gramsci y como dice Freire que esa devolución del “sentido común” no es para quedarse en ella sino para que sea superada por el receptor, por el destinatario, pero para superarla, primero hay que asumirla.
Por lo tanto, algunos capítulos iniciales de los procesos de “Jurado trece” si los escuchaba alguien con una mentalidad sectaria o tradicional podía pensar que eran reaccionarios. Yo no tenía ningún empacho en construir capítulos que parecieran reaccionarios con tal que (ahora uso la palabra reacción en sentido positivo) hicieran reaccionar a aquellos a quienes estaban destinados.
No producíamos para los ya conscientes. Muchos mensajes de la comunicación popular están hechos de tal manera que solo convencen a quienes lo están de antemano. Este sería uno de mis ejemplos.
Luego, cuando empezamos el cassetteforo, si hubiéramos partido de nuestra propia percepción política de la realidad de los grupos, de las cooperativas campesinas para los que fue destinada nuestra primera experiencia, no hubiéramos podido generar ningún proceso porque esos grupos no asumían ni tenían presente esa interpretación, por exacta que ella hubiera sido. Por ejemplo, si en nombre de una visión política de la comunicación, hubiéramos empezado con nuestras ideas sobre la tenencia de la tierra o la reforma agraria, se habría cometido un gran error, en cambio el haberlos escuchado primero, nos hizo saber cuáles eran sus necesidades sentidas (para llegar a las necesidades objetivas, primero hay que partir siempre de necesidades sentidas), eso hacía posible el diálogo y que ellos vertieran su comunicación dentro de una temática que habían previamente fijado.
¿Cómo se hace el trabajo de la producción en comunicación, después de los cassettesforo?
Ahí ya dejé de ser productor. En la misma medida que me dedicaba a la comunicación popular, como no podía hacer tantas cosas a la vez, seleccioné aquella que me parecía más importante. Si tenemos en cuenta que en la comunicación popular el comunicador tiene un papel pero no el tradicional del productor, sino el que genera formas, canales a través de los cuales los propios destinatarios se convierten en emisores, entonces mi labor fue de capacitador, de gestor de canales.
Afirma que para el trabajo en la comunicación popular se necesita de un nuevo tipo de profesional. Usted ha sido ese nuevo tipo ¿Cómo se podría definir en este momento ese comunicador y la formación profesional que requiere?
Ante todo (si me lo planteas así) no creo haber llegado a ser ningún nuevo tipo de profesional. Seré alguien que pone un granito de arena en una construcción que es responsabilidad de todos y que poco a poco se va haciendo. Pienso que nunca va a haber tipos terminados y acabados.
Fíjate, que esto no te suene por favor a falsa modestia, pero después de tantos años de lidiar en esta aventura tan querida de la comunicación, sigo creyendo que soy un aprendiz porque siempre estamos aprendiendo cosas nuevas. Lo que sí planteo es que una comunicación popular tosca, que no domina ni los lenguajes, ni los procesos de comunicación no sería una buena comunicación popular, eso es lo que yo quise decir.
Por lo tanto se necesita un “saber hacer” pero ese saber hacer que exige la comunicación popular no es el mismo de los comunicadores que tradicionalmente pueblan los medios masivos (no todos, no quiero hacer de ninguna manera una generalización). El enfoque que ellos emplean no es el de la buena profesionalidad que exigiría este tipo nuevo de comunicador, el manejar los lenguajes no solo con otros contenidos sino con otros estilos para generar procesos educativos.
¿Este comunicador debe estar formado en las escuelas de comunicación o puede ser un comunicador de las bases?
En realidad dudo mucho que las escuelas de comunicación los estén formando y también que actualmente las formas de encarar la comunicación en las bases apunten claramente a objetivos bien precisados.
¿Después de recorrer a América Latina durante estos 50 años de comunicador popular, ha visto avances, perspectivas nuevas, algunas vertientes?
No sé como contestar a una pregunta formulada así, porque tal cual vas guiando la entrevista no quisiera dar la imagen de una idealización de la comunicación popular. Como te lo dije desde el principio es una apuesta pero no estoy tan seguro de que ahora la podamos congelar en logros definitivos y no podría dar ninguna respuesta sin avanzar en otra dirección que es mucho más grande de la que la comunicación popular ha venido planteando hasta ahora y que ya remite a una conceptualización de la comunicación educativa. Esta es una visión más globalizadora.
Cuando te hablo de la necesidad de formar emisores, de ejercitar la emisión (me importa mucho aclarar esto) no estoy pensando en los medios de comunicación, tanto masivos como populares, sino en la formación de las personas. Sería utópico e irreal creer que todo el mundo se va dedicar a la comunicación, no tiene sentido.
Pienso que la comunicación es una práctica humana que abarca a todos los seres humanos, no solo a aquellos que la asumen como una tarea o profesión. Concierne a toda la educación.
Creo cada vez más que la educación en todas sus formas debiera permearse de las visiones comunicativas y de la dimensión comunicativa. Si analizáramos la escucha, la enseñanza como un proceso de comunicación, veríamos ante todo cuán poco comunicativo es éste actualmente y cuánto podría potenciarse si asumiera las propuestas de la comunicación.
Entonces, ¿para usted qué es la comunicación?
Desde el punto de vista educativo es el diálogo en que nos formamos todos. Voy a procurar entrar en un terreno que es bastante nuevo porque no es el que transitan actualmente las teorías de la comunicación; estoy tratando de construir puentes más sólidos entre lo comunicativo y lo educativo, haciendo una serie de comprobaciones y descubrimientos, encontrando ratificaciones a intuiciones que como comunicadores estábamos antes planteándonos.
Trataré de hacerte un encadenamiento de los distintos elementos que van componiendo esto. Primer elemento importante: el lenguaje es el instrumento del pensamiento, esto es un aporte de la pedagogía. En la medida en que poseemos el lenguaje, no solamente podemos comunicarnos, sino que podemos pensar. No se puede pensar sin ese instrumento. ¿Cómo se adquiere éste? ¿Cómo aprendemos a hablar? Comunicándonos.
De modo que es simultánea esa acción que va enriqueciendo la capacidad de pensar y la acción comunicativa.
Fíjate eso sólo como nos lleva a pensar en la educación como un proceso donde la comunicación juega un papel central.¿Cómo se va ejerciendo el lenguaje? ¿Cómo se va enriqueciendo? En la expresión. Para la educación es un compromiso básico el incorporar lo expresivo del educando, abrirle las puertas de la expresión. Coincido totalmente con Daniel Prieto y con Francisco Gutiérrez cuando dicen: “Sin expresión no hay educación”.
El problema de la comprensión es un problema de sentido, es un problema de expresión. Aquí dimos otro paso.
Ahora bien, ¿Cómo se ejercita la expresión? Retomo otra respuesta de otro educador, Freeinnet quien dice: “No hay expresión sin interlocutores. Nadie se expresa en solitario”. Entonces empezamos a descubrir (cuando uno va construyendo esos eslabones de la cadena) que la comunicación juega un papel fundamental en los procesos educativos.
Ya no es la cuestión del papel instrumental de la comunicación en la educación como hasta ahora se ha planteado: medios de apoyo y técnicas.
Es pensar pedagógicamente en la comunicación como un componente indispensable en todo proceso educativo.
Ahí es donde aparece la figura del receptor como interlocutor, este es uno de los planteamientos básicos de...
No, no, no aparece ningún receptor, no me estás entendiendo.
No es receptor sino un interlocutor.
Sí claro, es un interlocutor que emite. No es simplemente que recepciona y produce sentido como lo maneja alguna teoría de la comunicación.
No niega eso pero va mucho más allá. Se resiste a considerarlo receptor. Como educando él tiene que ser emisor de su proceso educativo.
¿Parte de la teoría de Paulo Freire en la cual se afirma que no hay más educando sin ser educador ni educador sin ser educando?
Agrega a la teoría de Paulo Freire elementos que son de otras categorías propiamente pedagógicas, sicogenéticas. No se queda solamente en lo ético que es desde donde Paulo Freire construye sus planteamientos.
De tal modo que se podría no ser freiriano (yo soy freiriano) y lo mismo compartir esta propuesta.
¿Ahí es donde se puede refutar también la teoría de que “la educación para la recepción es dirigir la mirada del receptor”? Es ya construir con él...
En última instancia sí pero vamos a separar aguas.
Estamos hablando de un proceso educativo que no se limita a educar y ahora tú me estás planteando una especificidad, que es la propuesta de educar para los medios. En esta propuesta asumimos al receptor como tal, porque cuando decimos que todo ser humano tiene las dos funciones, no estamos negando la función del receptor. Frente a los medios masivos él comienza por eso, por ser receptor.
Frente a la realidad de los medios masivos los que hacemos educación para los medios creemos en la importancia de un receptor crítico, autónomo. A lo que tiende una buena educación para los medios es a darle instrumentos para construir en él esa autonomía que nuestro pensamiento no tiene espontáneamente. Se necesita adquirirla como en cualquier proceso educativo. No es por lo tanto “dirigir la mirada”, es darle instrumentos para que él la gobierne, lo que me parece bastante diferente.
Esto se da en una primera etapa. Si bien se empieza educando para la recepción, se tiene que pasar a una etapa en la cual el educando supere su condición de receptor y también haga él prácticas de emisión. En la medida en que practica la emisión, en esa misma medida adquiere autonomía para la recepción. No se pretende que todos se conviertan en productores de programas ni nada por el estilo. La práctica de la emisión se puede hacer de una forma mucho mas insertada en la cotidianidad de la gente sin pensar que todos tengan que acceder a los medios masivos.
Obviamente estos enunciados pueden ser vistos como utópicos, si no se entiende de qué se trata.
¿Cómo pensar este tipo de actividad en una sociedad tan autoritaria?
Mira, aquí voy a dar vuelta a algunos esquemas o por lo menos lo intentaré. Te pongo un ejemplo que quizá te sorprenda un poquito. Esta sociedad autoritaria construyó su modo de producción autoritario que tiene su máxima expresión en el Taylorismo y su hijo predilecto el Fordismo (la cadena de montaje) y si tu haces un símil entre ese modo de producción y sus modos de comunicación y organización social, los encuentras muy parecidos, muy paralelos, coherentes uno con otro.
Ahora bien ¿por dónde se empieza a quebrar esta concepción?
Este modo de producción ha entrado en irreversible crisis. Actualmente es un hecho comprobado la sociedad pos industrial, la producción en serie ya no es más rentable. No funciona. Se están buscando nuevas formas de producción.
La propuesta que en este momento empieza a abrirse camino con más fuerza es la idea de la producción calificada, la cual implica trabajadores dotados de un alto grado de participación, autonomía e iniciativa. Todos los escritos técnicos que hablan de esta nueva forma de producción dicen: “Los trabajadores se agrupan, se organizan...”
Los círculos de calidad, por ejemplo.
Sí, los círculos de calidad. Todos ellos hablan de la necesidad de trabajadores que se sepan expresar y comunicar.
La competencia comunicativa, esa de la que habla Habermas, empieza a ser asumida como una necesidad del proceso productivo.
Entonces ya ves que no se debe hacer una interpretación tan rígida como decir sociedad autoritaria. Empiezan a aparecer fisuras muy interesantes que nos permiten hacer nuevas propuestas de comunicación educativa.
Hay de todas maneras una serie de condicionantes sociales de los cuales usted también habla. Me parece muy interesante todo el planteamiento de la competencia comunicativa y es algo hacia donde vamos, pero es necesario trabajar esos procesos porque éstos no se dan puros sino como usted mismo lo afirma hay que educar, ir creando unas relaciones de tipo solidario y de tolerancia para que después se reconozca al otro como alguien diferente de mí. Los condicionamientos sociales están mediando toda esa posibilidad de comunicación real. ¿Qué hacer con éstos?
Si me haces la pregunta así no te voy a poder responder. En modestas experiencias he visto como eso ha ido cambiando en la medida en la que se desarrolla la competencia comunicativa. No lo digo con base en esperanzas teóricas sino en comprobaciones prácticas. Voy a ponerte un pequeño ejemplo... Me adelanto a tu objeción de que los pequeños ejemplos pueden no ser estadísticos, me amparo en nuevas formas de encarar lo científico donde se dice que el suceso tiene tanta o más validez que la estadística.
¿Popper?
Sí. Ya se ha reiterado en experiencias de cassettesforo que he analizado. En una asamblea donde estando todos cara a cara (debería ser una forma muy democrática de comunicación), el delegado de base no se anima a decirle algo al dirigente (Hay bloqueos que vienen de diferencias asimétricas cuando el dirigente tiene cierto prestigio).
Sin embargo ese mismo delegado en el cassette sí se lo dice. Eso hace pensar que en la medida en que se va practicando otra forma de auto expresión, ésta empieza a saber de su propia fuerza, a tener conciencia de su propio poder.
¿Ahí es necesario tener en cuenta su planteamiento del fortalecimiento de la sociedad civil para poder obtener otras maneras de participación?
Claro y ahí es donde creo que la comunicación es algo más que la suma de vehículos y canales por donde fluye ese proceso. La gente (hablo de mí y hablo de ti y hablo de todo ser humano -esto puede parecer un poco deformación profesional pero lo que pasa es que lo digo desde mi experiencia-) no empieza conociendo y después comunicando lo que conoce sino que conoce en la medida que lo comunica.
En medio de los procesos que está viviendo América Latina con la implantación del neo liberalismo, usted propone una postura neocrítica, ¿Esa postura cómo se articula a todo este planteamiento?
La pregunta que me haces es bastante grande, vamos a ver si puedo responder brevemente en el espacio que me permite una entrevista.
Llegar a cierta edad y haber pasado por ciertos procesos tiene sus pro y sus contra.
Yo no sé si esto es un pro o es un contra pero lo cierto es que me ha tocado vivir las oscilaciones y los virajes en las teorías de la investigación en la comunicación en América Latina y como te dije al principio pertenecí, me adherí, suscribí la corriente crítica con ciertos distanciamientos, porque había una brecha muy grande entre el conocimiento del polo emisor y un desconocimiento profundo de la realidad de los receptores.
Esta es desplazada posteriormente por un conjunto de paradigmas a los que en busca de alguna denominación he propuesto llamar corriente revalorativa. Pone el acento en la revalorización de la recepción y hace grandes aportes pero en su reacción al mecanicismo y determinismo de la corriente anterior genera una nueva hipérbole, la de un receptor idealizado, lo que me hace creer que no avanzamos mucho si seguimos en idealizaciones o aunque sea involuntariamente en ideologizaciones, por esto estoy esperando (como dice Michelle Matelart “que las aguas vuelvan a su cauce”) que se incorpore el problema del poder, el problema de la hegemonía en la emisión, pero al mismo tiempo también se sepa elaborar una nueva síntesis didáctica donde el receptor ocupe el enorme espacio que le corresponde.
¿Cómo podemos llegar a que ese receptor ocupe su espacio? ¿Hay un planteamiento de tipo metodológico nuevo?
Cuando yo digo que ocupe su espacio no estoy diciendo que cambie toda la sociedad, estoy diciendo que en el análisis ocupe su espacio. Entiéndeme lo que quiero decir.
Si partimos de analizar el papel del receptor, no ya como receptor sino como un interlocutor, una persona que está en una interacción determinada...
O que puede estarlo porque tampoco creo que sea sano afirmar que lo está.
Pienso que desde hace ya bastante tiempo Jesús Martín Barbero le ha dado ese espacio, al plantear la actividad del receptor como una resistencia, una negociación o una resemantización ante lo que se le está proponiendo.
¿Cómo abordar esa nueva postura del receptor a partir del análisis? ¿Qué elementos tenemos que tener en cuenta para poderlo ubicar?
Bueno, a los planteamientos de Jesús Martín Barbero (lo he podido alguna vez dialogar brevemente con él, no con toda la extensión que hubiese querido) hay que ir agregándole más datos, más elementos. Esa negociación de la que se habla nos remite también a pensar en los condicionamientos sociales de la recepción, creo que no han sido debidamente estudiados y tenidos en cuenta en la mayoría de las investigaciones a las cuales hemos tenido acceso, debido precisamente a esa parcialización de la que te estaba hablando.
He estado muy interesado, desde hace bastante tiempo, por estudiar los procesos de la recepción y señalaría por ejemplo las funciones que cumple la recepción televisiva en una sociedad fuertemente condicionada y llegaría a una conclusión bastante similar a la que está enunciando recientemente el propio Martín Barbero (con la que me siento más identificado que con la primera) cuando dice “no es tanto la televisión la que atrae sino la calle la que expulsa”. En esta breve frase (muy parecida a muchas que yo he escrito antes) está contenido todo el problema de los condicionamientos del receptor, todas las funciones paliativas que cumple la recepción pero que solo las comprendemos si entendemos a ese receptor, no solamente cuando se sienta frente al televisor sino a lo largo de su día, todo lo que supone la realidad de agresión de su entorno.
Vivimos en una sociedad tremendamente agresiva, uno puede entender muy bien un receptor que sin resemantizar, simplemente para sentir un poquito de distensión en su vida cotidiana se sienta frente al televisor rutinariamente y sintoniza programas repetitivos y mediocres.
Si Mario, pero también usted plantea que esa teoría de las gratificaciones no es la adecuada, que no solamente la gente se sitúa frente al medio masivo “invirtiendo deseo para extraer placer”.
Claro que no, yo no lo niego, pero digo que solo es una parte de la cuestión. Hay muchos modos de recepción. Para darte nada más algunos pantallazos: cualquiera puede observar la cantidad de gente que tiene encendido el televisor sin mirarlo, posee el televisor como un mueble que transmite imágenes, pero eso no es tan fortuito, no es solamente una costumbre, indica algo. Puede señalar por ejemplo una necesidad muy grande de recibir imágenes placenteras en medio de un paisaje tremendamente agresivo y hostil, como lo he observado en villas miserias de mi ciudad. Significar la necesidad de compañía en personas que se sienten muy solas. Cuando ese televidente se sienta a mirar “cualquier cosa” (uso sus propias palabras) no está sintiendo una gratificación, no está obteniendo ningún placer, está simplemente llenando un vacío. Está, como lo dicen las mujeres pobladoras en Santiago de Chile, “buscando algo que les tranquilice los nervios y que sustituya a las píldoras para los nervios que les hacen tanto mal”.
En mi modesto criterio, la investigación sobre la recepción recorta terriblemente el proceso porque separa el momento de la recepción de los otros momentos que integran la vida cotidiana de la gente. Llegaremos a entender estos procesos cuando sepamos más, no solo de cómo recepciona la gente, sino de qué le pasa y de cómo vive. Debemos tender el puente entre lo comunicativo y lo educativo. Darle lugar en las investigaciones a otro tipo de datos diferentes de los que normalmente se están manejando ahora.
México D.F. Marzo de 1993
+ Expresión de Michelle Mattelart al interpretar, en una intrevista que le concedió a Mario Kaplún, la metáfora de Sabiani “que la caña que se dobló por un lado y después por el otro ahora se enderece"·
¿CÓMO CITAR ESTE TEXTO? MONTOYA VÉLEZ, Martha Helena (2004). Conversaciones con Mario Kaplún: Cincuenta Años Pariendo Un Interlocutor Autónomo. Texto publicado en la Revista Comunicologí@: indicios y conjeturas, Publicación Electrónica del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México,Primera Época, Número 2, Otoño 2004, disponible en: http://revistacomunicologia.org/index.php?option=com_content&task=view&id=61&Itemid=97
|