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[No. 4] La participación ciudadana en la radio PDF Imprimir E-Mail
escrito por Lenin Martell   
Sexto Foro AMCIR, Retos y perspectivas de la radio mexicana, Mesa 1: La participación ciudadana en la radio, 11 de noviembre del 2005

Doctorante en el programa de posgrado,
Ciencias políticas y sociales de la UNAM.
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TRANSCRIPCIÓN


¿Qué significa la participación ciudadana en la radio hoy en día?

En febrero de 1986 ingresé al Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM. A los pocos meses estalló una huelga que paralizó las clases por un par de semanas. Previo al cierre de labores, los líderes del Consejo de Estudiantil Universitario—el CEU—confrontaron a las autoridades de la UNAM. El debate fue transmitido por Radio UNAM, incluso recuerdo que se ponían unas bocinas en la explanada principal del Colegio y los estudiantes y maestros nos reuníamos para escuchar los a-ca-lo-ra-dos enfrentamientos.

Yo era nuevo en este menester. Era muy joven y poco entendía de las reformas universitarias que se querían implantar. Sin embargo, gracias a las transmisiones de la radio comprendí sobre el nuevo sistema educativo al que había llegado. Quedé sorprendido de los argumentos contundentes de los líderes universitarios, y cómo José Narro Robles, en aquel tiempo, secretario general de la UNAM, no podía refutar. Finalmente se cerró la universidad por un par de semanas, y a pesar que estuve en contra de la huelga, pude informarme, reflexionar, y crear redes de discusión con compañeros y maestros para generarme una opinión sobre las reformas. En otras palabras me sentí partícipe del asunto sin tener que llamar a la radio para expresar mi punto de vista.

Siempre que pienso en participación ciudadana en la radio, me viene a la imagen este ejemplo el cual quiero compartir hoy con ustedes. Porque aquí es donde encuentro los elementos necesarios para hablar de la participación en la radio. Y es esto lo que discutiré hoy con ustedes: identificar los elementos que conforman a la participación ciudadana en la radio actualmente.

Iniciemos, pues, nuestra inspección a través del análisis del hecho comunicativo que les acabo de comentar.

En primer lugar, encontramos la discusión sobre un asunto social.

Dos: Se trata de un mensaje en donde participan actores sociales miembros de una comunidad: clase política, ciudadanos y una audiencia que es en su mayoría estudiantes, profesores, trabajadores universitarios y padres de familia.

Tres: El contexto social. Éste es importante para que se dé el proceso comunicativo, es decir para que la discusión sobre las reformas universitarias adquiera relevancia, y como punto de referencia para crear una pauta de significados. En este caso al contexto lo conforma un espacio mediático—la radio—que permite que se pueda llevar a cabo un debate, o una búsqueda de consensos o disensos. O bien, el fortalecimiento de identidades individuales. Es decir, el contexto es trascendental para la creación de un espacio público en dónde los ciudadanos le dan un sentido a sus vidas.

Cuatro: No olvidemos un actor social más para que se diera este ciclo comunicativo. Me refiero a los productores de programación, es decir, los funcionarios de Radio UNAM, quienes programaron la serie de debates sin cortes y que con ello permitieron que el mensaje adquiriera una fuerza dentro de la comunidad y se extrapolara a la esfera de lo nacional e internacional.

El ejemplo expuesto me es significativo porque ahí encuentro a la participación ciudadana, la cual puede ejercer un derecho a la información.  Además, las discusiones generaron atención de otros medios de comunicación y sectores de la sociedad—desde la iniciativa privada hasta grupos de la sociedad civil y esferas gubernamentales. Incluso, el caso llegó hasta las páginas y noticiarios de algunos medios internacionales.
 
En este proceso comunicativo, en donde los integrantes del CEU tuvieron la misma oportunidad de expresarse que la clase política universitaria, representó un proceso horizontal de comunicación, que significó la existencia de un movimiento estudiantil universitario, pero sobre todo, se manifestaron las necesidades sociales de un sector importante de los jóvenes, quienes defendían su forma de ver al mundo. Asimismo, comunicaban al mundo, las fracturas sociales en el país, originadas por las desigualdades sociales, la falta de empleo y el nulo crecimiento económico.  

La serie de debates implicaron un disenso entre las autoridades y los estudiantes y profesores, e irrumpió con una huelga. Asimismo, fue un momento crucial que indicó la llegada de una nueva etapa en la Universidad Nacional. Así al menos leí al hecho del cual me sentí partícipe durante el resto de mi estancia en la UNAM.

Al ejemplo anterior lo defino como participación ciudadana en la radio, porque en él participaron diversos actores sociales de la comunidad universitaria, para decidir la forma en que querían convivir dentro de la universidad. El debate atrajo el interés de los miembros de la comunidad que sintonizábamos puntualmente las transmisiones y de otros sectores de la sociedad. El hecho fue discutido en el resto del seno de la sociedad. El asunto también tuvo implicaciones a nivel nacional e internacional, pues dejó en evidencia, los rezagos de las políticas públicas gubernamentales en materia de educación superior.

Como miembro de la comunidad universitaria, los debates en la radio me informaron, me hicieron reflexionar sobre al nuevo mundo que arribaba, y más allá, me dieron los elementos para generar una opinión al respecto. En otras palabras, la audiencia nos sentimos partícipes de un momento democrático—por cierto, muy necesario en aquella época. Sin anestesia ni maquillaje, aquel debate universitario en 1987, fue un ejemplo de un verdadero espacio público.

El ejemplo anterior me enseña que la participación ciudadana en la radio no se limita solamente al envío de cartas o las llamadas a las emisoras, e incluso indica que estas formas de comunicación no garantizan la existencia de la participación ciudadana en la radio. Son sin embargo, los elementos que identificamos hace unos instantes, los que aprueban las condiciones para una participación ciudadana.

(Lo recuerdo: un hecho comunicativo compuesto por actores sociales—políticos y ciudadanos—que debaten, se cuestionan, buscan disensos y consensos y productores que permiten que el mensaje se lleve a cabo mediante una programación responsable y continua. Asimismo, una audiencia construida, conformada por miembros de una comunidad en particular quienes están ávidos de escuchar y comunicarse).

Pero, ¿qué no es de esta forma—mediante el envío de cartas y llamadas a la emisora—como se ha entendido la participación ciudadana en los modelos de radio comercial y estatal? Mas aún, ¿por qué se ha entendido así?

Como todo hecho social, estas preguntas tienen una razón histórica. Para ello es indispensable situarnos en la mañana del diez y nueve de septiembre de 1985, cuando fue la primera vez que los medios de comunicación electrónicos en su mayoría dejaron de transmitir información banal y progubernamental, para brindar un servicio público a la ciudadanía. Fue un acto espontáneo que rebasó las políticas de programación. Simplemente los ciudadanos se volcaron a los medios y los periodistas respondieron dando un giro de 180 grados a la programación. Se estableció entonces un pacto entre estos dos actores sociales.

La radio y los periódicos desplazaron sobre todo la televisora pública y privada. La primera se mostraba presurosa por regresar a la habitual programación, y la TV comercial sólo se centraba en narrar los hechos que ocurrían en el centro de la ciudad para no crear expectación internacional ante el mundial de futbol de 1986 que estaba en puerta.

La historia de la radio fue un tanto diferente: Dado que el estado es incapaz de actuar cabalmente para hacer frente al desastre, los ciudadanos se movilizan inmediatamente, y entre sus acciones recurren organizadamente a las emisoras, las cuales se convierten en un espacio mediático que contribuyen generar los cimientos de una sociedad civil en México.

Las secuelas del temblor de 1985 exhibieron aún más la falta de proyectos gubernamentales para los ciudadanos, por lo que éstos utilizan a la radio como medio para crear redes sociales para solucionar sus problemas.

La radio regresó a su programación habitual al cabo de dos meses. Aquel pacto de los medios con la ciudadanía se había acabado. El estado una vez más perdió la oportunidad para generar políticas públicas que fortalecieran la participación ciudadana en la radio. Pero quien sí aprovechó aquel momento histórico, fueron los concesionarios de la radio, quienes se dieron cuenta que también se podían obtener grandes dividendos hablando sobre los problemas de la gente y pasando llamadas y leyendo cartas al aire.

Hubo ejemplos extraordinarios de participación ciudadana en la radio, como aquel programa de Llamas en la radio, conducido por María Victoria Llamas, en Radio Red, el cual constituía un foro de debate muy significativo, en donde se discutían problemas serios de diferente índole—problemas poco tratados en los medios de comunicación, pero muy experimentados por una sociedad cada vez más heterogénea y con necesidades más complejas.

Salvo escasos ejemplos como éste, califico a la participación ciudadana en la radio en México como una estereotipada y primitiva. Habría que hacer estudios profundos de caso para analizar cómo se conforma la participación de la audiencia en cada uno de los programas hablados tanto del cuadrante estatal como comercial. Sin embargo, a simple vista, se percibe una participación mediada por objetivos programáticos más preocupados por elevar un rating  que atraigan más anunciantes. Pero de ninguna manera una participación reflexiva que se integre a la narración de contenidos programáticos que alienten el intercambio de representaciones sociales de los ciudadanos y que coadyuven al fortalecimiento de una identidad ciudadana.

A pesar de ello, lo que sí existe en el cuadrante es un virus de participación que cada vez se extiende más en la frecuencia ciudadana, que proviene de hace 38 años. Me refiero al sistema amorfo que crearon grupos sociales ciudadanos en 1965, con Radio Te-o-celo, en Veracruz, cuya iniciativa se fue extendiendo con altas y bajas por todo el país. Aunque igualmente necesitaríamos realizar estudios de caso extensivos para conocer cómo se conforma la participación ciudadana, en este sistema de radio comunitarias ciudadanas independientes, se percibe una mayor fuerza participativa de los ciudadanos. Una razón es porque las iniciativas de la creación de estas radios proviene de los mismos ciudadanos y como consecuencia los contenidos están programados con base en las necesidades de la audiencia. Además, la participación de la comunidad tiene in-ci-den-cia en las decisiones sobre gestión de la emisora, lo cual permite que los flujos comunicativos transiten en forma horizontal.  

La radio comunitaria es hoy día uno de los motores de cohesión ciudadana más importantes dentro de la esfera pública local, en donde grupos sociales específicos se informan, reflexionan, discuten, comparten problemas.

Aunque Radio Teocelo da la patada de inicio al modelo de radio ciudadano, las radios comunitarias urbanas aparecen sobre todo después de 1985. Son producto de la cohesión y organización social que la ciudadanía consiguió después del terremoto y de una tradición de radios comunitarias y movimientos sociales en países latinoamericanos. A finales de los ochenta, varias radiodifusoras nacieron y desaparecieron en el cuadrante nacional. En su mayoría las experiencias fueron cortas, entre otras razones, debido a falta de recursos, o bien, porque el proyecto de la organización llegaba a su fin. Por eso es difícil rastrear cada una de las experiencias.

En 1994 el discurso de las radios comunitarias urbanas recibe aire fresco tras el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas. El contenido de su programación simpatiza con las demandas del EZLN, sobre todo en cuanto a demandar la situación de pobreza extrema, desigualdad social y alto desempleo. En este sentido, su discurso es renuente con el TLC dado que avizoran en él una solución a los serios problemas del país.

Un ejemplo fue la Asamblea de Barrios que comenzó a transmitir ilegalmente en 1993 a través del transmisor de un vatio, con una antena colocada en el toldo de un carro. Así se impulsó la que después fuera una red de radios libres, Tele Verdad. Este proyecto que duraría hasta febrero de 1995, se instaló desde mediados de octubre de 1994 en la esquina de Insurgentes y Reforma, pero al mes llegó el personal de la SCT con la Policía Judicial y desalojaron las rudimentarias instalaciones.

Tele Verdad fue clausurada, pero otras iniciativas se crearon: Radio Pirata, en Coyoacán, otras dos radios en San Cristóbal y Guadalupe Tepeyac, Chiapas, una más del Frente Potosino. Radio Interferencia (89.3 FM) nace el 19 de febrero de 1995 en San Juan Ixhuatepec, Estado de México, con el fin de proponer alternativas, criterios de juicio y directrices de acción que exigen las situaciones de miseria e injusticia que día a día afrontan los ciudadanos.

Así podemos mencionar varios ejemplos en los que la radios comunitarias ciudadanas hicieron sonar la voz ciudadana, proyectos a los que también se unieron organizaciones ciudadanas como la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC) en 1992, el Centro Promotor de la Radio Comunitaria en México (CEPRAC), en 1995, el Centro Nacional de Comunicación (CENCOS), entre otras.

Los anteriores organismos, vinculados a los movimientos sociales civiles, siempre defendieron, orientaron, acompañaron, observaron, criticaron, y algunas de ellas capacitaron y cohesionaron a las radios comunitarias. Otorgaron, de otra forma, un carácter institucional a estas radios—un carácter institucional que había sido saboteado por el gobierno, el cual se dedicó a negar permisos a éstas emisoras para operar. Al negar los permisos, el estado incurría en negar la participación ciudadana. ¿Con cuál fin? Con ningún otro más con el de seguir marcando las diferencias sociales y mantener el estatus quo administrado por el sistema político mexicano heredado por el PRI desde hace 80 años. Por cierto, al par del nacimiento de la radio.

El cambio de siglo en México fue ensombrecido por la huelga en la Universidad Nacional Autónoma de México. Una huelga que dejó divisiones muy fuertes entre la misma comunidad universitaria, en donde al final se había perdido la brújula del movimiento. Mas la esencia del problema nunca se perdió de vista: una comunidad de 300 mil ciudadanos, la mayoría jóvenes, quienes protestaban por las limitadas oportunidades políticas y sociales, entre ellas el empleo y las desigualdades sociales.

En tanto el movimiento estudiantil se dividía, el Consejo General de Huelga (CGH), el grupo estudiantil más radical se quedó aislado del apoyo de otras células sociales, entonces se vio en la necesidad de crear la K-huelga, en la banda FM para informar y discutir su postura con la comunidad universitaria.  Quizá el discurso de la emisora pudo haber sido sesgado y manipulado, pero demostró una vez más cómo un medio puede ser tan potente dentro de una comunidad y traspasar las fronteras de una discusión estudiantil al seno del debate nacional.

Los ciudadanos cada vez se apropian más fácilmente de la tecnología para operar una emisora radial. El lenguaje radiofónico se improvisa, pero no el objetivo común: darle potencia a la voz ciudadana.

Es necesario analizar con mayor detenimiento cómo se ejerce específicamente la participación ciudadana en la radio comunitaria urbana, la cual según datos de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, ya suman más de 124. Y solamente son once las que apenas este año lograron permiso para transmitir. Al menos son estas once las que cuentan con un reconocimiento jurídico—como Radio La Voladora, situada en Amecameca o Radio Bemba, en Sonora—. Con el permiso, adquieren un nuevo aire que muy probablemente se traducirá en mayor participación de los ciudadanos.

Por otra parte, no olvidemos tampoco el otro sistema en donde también se ha gestado la participación de grupos sociales. Hablo del sistema cultural de radios indigenistas, conformado por 20 estaciones en todo el país y otras siete que operan de manera independiente.

La trayectoria de este sistema ya es larga y significativa. Inició en 1979 con la radiodifusora La Voz de la Montaña, en Tlapa Comonfort, Guerrero, perteneciente al extinto Instituto Nacional Indigenista.  El movimiento zapatista logró reivindicar los derechos civiles de los indígenas que se cristalizaron en materia de medios a través de la autogestión comunitaria de las radios, lo cual permite una mayor participación de los ciudadanos en las decisiones programáticas.

¿Por qué la radio indigenista ha sido una institución tan importante para fomentar la participación de los pueblos indígenas? Porque ha fungido como aquel espacio público en donde los grupos indígenas han podido decidir la forma en que quieren vivir. Ha sido un vehículo para organizarse y ayudarse, para forjar su identidad, un punto de encuentro para reproducir los significados culturales que han compartido por varios siglos.

Todavía falta por verse una participación profunda de los indígenas en la toma de decisiones normativas de sus propias radios. En tiempos de una democracia resbalosa, el estado tiene que demostrar en las próximas administraciones  federales, compromiso con los pueblos indígenas, proporcionando una reforma en materia de medios de comunicación, manteniendo un presupuesto estable a las emisoras que les permita seguir cumpliendo sus compromisos programáticos de servicio a las comunidades. Sólo de esta forma, se podrá fortalecer la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas—institución mediante la cual los indígenas fueron reconocidos institucionalmente—que permitirá a su vez apoyar el desarrollo de las culturas indígenas.  

He hablado hasta aquí dos ejemplos de la participación ciudadana en la radio en tiempos recientes, dentro del marco de los modelos de radio comunitaria ciudadana e indigenista. Lo he hecho con el objetivo de mostrar que la participación ciudadana no se puede analizar de forma aislada, como si cada uno de los ciudadanos representaran un número más que se suma a las estadísticas del rating y cuya aparente participación se traduce en más anunciantes y mayores dividendos para los concesionarios de los medios. Los ciudadanos no son consumidores, y por lo tanto el análisis de su participación en la radio, se debe medir en función de los significados que producen y de la forma en que representan al mundo desde su discurso. Porque recordemos la radio es finalmente un medio en el cual se crean significados, en donde se reproduce la identidad y la cultura más allá del dinero.

A pesar de los ejemplos mencionados, la participación ciudadana en la radio en México se conforma actualmente de forma débil, sin una lógica propia más aquella que el libre mercado le impone, en donde el ciudadano balbucea mas no discute la mayor de las veces. Queda marginado como consumidor de los relatos simbólicos que los medios masivos de comunicación fabrican sobre su vida cotidiana. Por lo tanto, no participa en la producción de significados que lo pueden coadyuvar al cambio social y al fortalecimiento de la democracia. Su función se limita a la de un transeúnte de la vida cotidiana.

La participación ciudadana en la radio es una de las posibilidades simbólicas en las que los ciudadanos ponen en entredicho, a través de su discurso, la lógica del capitalismo global, y contradicen, por medio de ejemplos cotidianos, los fracasos de las políticas de los gobiernos neoliberales. Lógica y políticas que miran al ciudadano como consumidor y que lo han llevado a experimentar fracturas sociales importantes que limitan el diálogo social y, por el contrario, generan mayor desigualdad social.

Por ello, la importancia de seguir discutiendo el sentido de la participación ciudadana en la radio hoy día.


¿CÓMO CITAR ESTE TEXTO?

MARTELL, Lenin  (2005). Tanscripción de Sexto Foro AMCIR, Retos y perspectivas de la radio mexicana, Mesa 1: La participación ciudadana en la radio, 11 de noviembre del 2005.Texto publicado en la Revista Comunicologí@: indicios y conjeturas, Publicación Electrónica del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México,Primera Época, Número 4, Otoño 2005, disponible en: http://revistacomunicologia.org/index.php?option=com_content&task=view&id=113&Itemid=79

 
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